
Estaba en la casa de una profesora y ante mis ojos apareció el susodicho, impunemente puesto en una taza junto con otros de sus hermanos de especie y al verlo tan rojo y vistoso, no me aguanté las ganas de saber que se sentía darle una mordida, el resultado: lloré como no lo hacía hace años y durante un lapso de tiempo, tuve ardor en el pecho.
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