
Si aprendo a entender que al moverme siempre habrá más, dejaré de pensar en lo que he dejado atrás.

























Estuve pensando en llenar el blog con algo ocurrente, pero que no fuera una retahíla forzosa buscando aparentar interesante, desde por la mañana he estado rayando papelitos sobre temas que me gustaría escribir, el clima, el azul del cielo de ayer y lo gris que estuvo hoy, el que ya sé de que trata esa canción que llevaba meses tratando de encontrarle un significado coherente a la letra pero nada, entonces mientras le comentaba a un amigo, quien sabiamente me dijo que mejor porque no contaba mi falta de fluidez para escribir lo que quiero, porque claro, la idea latente siempre está ahí, lo complejo es volcarla hacia algo en especifico, incluso hasta lo vacío que puede resultar no tener que contar puede volverse algo para contar, puede ser mediocridad o conformismo, pero al final puedo sentirme satisfecho que conté algo.
Cambiando de tema, y ahora que se me viene a la cabeza la idea, se me ocurre pensar en lo que alguna vez me dijo alguien mayor “Las personas somos accidentes en la vida de los otros” lo cual es cierto pero a la vez me conduce a creer que lo valioso de nuestro grado de accidentalidad es el impacto que dejemos o nos dejan en eso que se llama “ciclo vital”, en este momento esa idea me inquieta, cuando de repente me voy encontrando con personas que no veo hace muchos años y tiendo a pensar que su paso en la vida se limitó a recuerdos, agradables en su mayoría, pero muchas veces sin un aporte profundo, puede ser que esté equivocado y mi visión sea muy cerrada o puede ser que es la sospecha de que yo no he dejado huella en la vida, lo que me haga creer eso.

Después de cerrar los ojos, contaba los segundos entre cada respiración esperando que todo saliera bien, cuando giré la cabeza y miré por la ventana, mire al sol, como todos los días en un lento perecer, la luz se iba y entraba la angustia, es raro estar así aún más en mi caso que prefiero la noche que el día.
Sentí mucha calma cuando el cuerpo se hizo liviano y lo entendí todo mejor, no me estaba muriendo, era solo el dolor de cabeza que se me estaba pasando. Padezco de migraña desde niño, es una enfermedad familiar, mi abuela materna llegó a estar 3 días recostada después de haber perdido el sentido gracias a una jaqueca. Si llegase a tener hijos, espero que no sufran de eso.



Esta es la primera entrada que hago en este blog, que dicho sea de paso, es algo que quería hacer desde hace tiempo, pero que empiezo ahora que creo que la idea ha madurado lo suficiente y sé más o menos que quiero publicar aquí.
Normalmente pienso mucho acerca de la quietud o el movimiento, por una parte, me gusta moverme, desplazarme ir de un lado a otro, ya sea por gusto u obligación la idea de estar trasladándome me gusta, cuanto más larga tiende a ser la distancia más me entusiasmo, lo cual no quiere decir que no haya viajes largos que no se vuelvan agotadores, eso tiende a ocurrir.
Pero por otra parte suele suceder que me gusta la quietud, el estar en mis pequeños espacios contemplando en calma y en silencio las cosas que me gustan y cuando esa calma es quebrada por el deber de mis responsabilidades o por una adversidad y me veo obligado a moverme, me siento vulnerable, alterado e incluso indefenso.
Ahora, por razones con mucho peso específico, estoy empezando a planear un viaje a un sitio del que sólo tengo referencias, puede que sean muy precisas o muy vagas, si las circunstancias fueran distintas, el viaje que estoy planeando sería una cosa aterradora, incluso trataría de dilatarlo hasta el punto de forzar a cancelarlo, pero ahora no, ahora es distinto y siento que mis pasos deben conducirme al sitio que fue planeado como punto final de la travesía y el inicio de una nueva vida.